Una composición puede sobrevivir durante siglos o desaparecer dentro de una caja sin clasificar. Entre ambos destinos intervienen investigadores, bibliotecarios, instituciones, presupuestos y decisiones editoriales que determinan qué parte de la memoria musical llega nuevamente al público.
El Cenidim fue creado para investigar, documentar y preservar la música de México y Latinoamérica. Sus fondos reúnen partituras, archivos de compositores, fotografías, correspondencia, grabaciones y publicaciones especializadas.
El trabajo no consiste únicamente en guardar papeles. Cada manuscrito debe identificarse, ordenarse, describirse y relacionarse con un autor, una fecha y un contexto. El propio centro mantiene labores de catalogación de partituras que abarcan desde el siglo XIX hasta la actualidad.
Esa tarea también define el canon. Cuando una obra se cataloga, publica o interpreta, vuelve a formar parte de la conversación cultural. Cuando permanece sin procesar o resulta difícil localizarla, su autor corre el riesgo de desaparecer de programas, investigaciones y aulas.
Los archivos del Cenart contienen ejemplos de esa recuperación. El Archivo Zevallos-Paniagua conserva parte importante de la obra de un compositor relevante para el desarrollo de la ópera mexicana, mientras el Archivo Musical Agustín Baranda reúne manuscritos originales de valses y otras composiciones.
No hay pruebas de una vieja guardia que encerrara “armonías prohibidas” por considerarlas peligrosas. Lo que sí existe es una disputa menos espectacular y más profunda: la selección institucional de la música que será conservada, investigada, digitalizada y devuelta a los escenarios.
